viernes, 15 de agosto de 2008

Cuanta agua más debe caer...

¿Cuán sinónimo de limpieza profunda es el agua que cae del cielo?

Sucede que ha llovido todo el día sin parar, y así como cae toda esa agua del cielo cae un poco a mi vida también. Hoy ya no basta con ordenar el entorno para encontrarme con la gratitud, no se que más podría pedir si esta agua que cae como se le antoja desde el universo esta limpiando la tierra y por más que me mojo, no sé cuanta más debe caer sobre mí para purificar mi mente.

Cuanta agua más debe caer, cuantos días más de lluvia podrán aliviarme. Fuera de eso supongo que debo decir que todo esta bien...

miércoles, 13 de agosto de 2008

cuando el mundo gira y todo lo que gira junto a él pareciera encontrar sentidos, hay espacios que construyen olvido para poder darle paso al presente más presente; darle paso a los minutos que marcan la respiración. ¿Qué es el tiempo sin recuerdos y sin lugares?; esos lugares que permiten que el presente más presente sea un valor agregado para esos espacios que construyen lo que le llaman vida.
Cuando se vuelven a pisar esos lugares, arroja la nostalgia en el corazón. Quizás falta colonizar otros lugares para reencontrar ese arraigo sensible que puede producir el piso de madera que se recorre y que cada paso es un recuerdo de algo, de un día especial; cuando cada habitación lleva impregnada en las murallas que vuelven a la mente con uno y otro encuentro, como hacer para que el sol vuelva a salir de esa misma forma que aquellos años y que entibie la piel y conocer el color que adquieren los párpados cuando se cierran y la mirada se dirige hacia el sol de la mañana. Si las manillas de cada puerta siguen teniendo el mismo sonido cuando se abría y el sonido de esas voces hacían sentir que eras parte de ese espacio. Si se sigue sintiendo ese mismo enamoramiento mientras recorres el que hogar para el corazón y de pronto al encender una luz equivocas el sitio donde se enciende, es que ya estas dejando de ser de ese lugar, es que las voces que entibiaron la vida han dejado de llamar desde ese espacio, llaman desde otro que ya no se puede escuchar para todos, se escucha sólo dentro, muy adentro.
Has dejado de ser, has dejado de construir allí. Pero, sin embargo, conoces de memoria los caudrados del parquet, conoces de memoria como entra la luz en cada estación del año, pero empiezas a olvidar donde se enciende la luz.
Esa es la vida, la mía...recorreré eternamente en el interior esos lugares, ahí no se podrá cambiar el intrruptor de la luz.